Durante gran parte de nuestra vida creemos que somos lo que pensamos.
Si aparece un pensamiento negativo, sentimos que algo está mal con nosotros.
Si la mente se llena de dudas, creemos que somos inseguros.
Pero ¿y si eso no fuera verdad?
La identificación con la mente
Desde pequeños comenzamos a desarrollar pensamientos.
Creamos ideas sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo.
Y poco a poco empezamos a identificarnos con todo ese contenido mental.
Sin darnos cuenta, dejamos de observar la mente y comenzamos a vivir dentro de ella.
¿Qué es la mente?
La mente es un proceso.
Genera pensamientos, recuerdos, imágenes, interpretaciones.
Es una herramienta.
Pero cuando no hay observación, esa herramienta toma el control.
¿Qué es la consciencia?
La consciencia es aquello que puede darse cuenta.
Es la capacidad de observar lo que está ocurriendo, tanto afuera como dentro de ti.
Puedes observar un pensamiento.
Puedes observar una emoción.
Incluso puedes observar tu reacción.
Eso que observa… no es lo que está siendo observado.
La diferencia clave
La mente piensa.
La consciencia observa.
Cuando estás completamente identificado con la mente, cada pensamiento parece una verdad.
Cuando aparece la consciencia, comienza a existir un espacio.
Y en ese espacio aparece la posibilidad de elegir.
Un pequeño ejemplo
Aparece el pensamiento:
“No soy suficiente”.
Si estás identificado con la mente, lo crees.
Si hay consciencia, puedes notar:
“Estoy teniendo el pensamiento de que no soy suficiente”.
Ese pequeño cambio lo transforma todo.
Ejercicio de observación
Durante el día, prueba esto:
Cada vez que aparezca un pensamiento intenso, di internamente:
“Estoy teniendo este pensamiento”.
No lo rechaces.
No lo sigas.
Solo reconócelo.
Cierre
No se trata de eliminar la mente.
La mente es necesaria.
Pero no necesitas ser arrastrado por cada pensamiento que aparece.
Cuando reconoces la diferencia entre mente y consciencia, comienza una nueva forma de vivir.
Más clara.
Más presente.
Más libre.


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