La tristeza suele ser una de las emociones más evitadas.

Queremos que desaparezca rápido.

Buscamos distraernos, ocuparnos o pensar en algo positivo para no sentirla.

Pero ¿qué pasaría si la tristeza no fuera el problema?

La relación que tenemos con la tristeza

Desde pequeños aprendemos que estar triste es algo negativo.

Que hay que “estar bien”.

Que hay que salir adelante.

Y sin darnos cuenta, comenzamos a rechazar una parte natural de la experiencia humana.

La función de la tristeza

La tristeza no aparece por error.

Es una emoción que muchas veces está relacionada con:

  • Pérdidas
  • Cambios
  • Expectativas no cumplidas
  • Desconexión interna

Es una señal.

No para quedarnos atrapados en ella, sino para mirar algo que necesita atención.


El problema no es la emoción

La dificultad no está en sentir tristeza.

Está en la resistencia a sentirla.

Cuando evitamos una emoción, esta no desaparece.

Se mantiene, se transforma o vuelve a aparecer de otras formas.

Sentir sin quedar atrapado

Sentir una emoción no significa perderse en ella.

Existe una diferencia entre:

Ser la emoción
y
Observar la emoción

Cuando aparece la observación, la emoción puede expresarse sin dominarte completamente.

Ejercicio de observación

Cuando aparezca la tristeza, prueba esto:

Detente un momento.

Lleva la atención al cuerpo.

¿Dónde se siente esta emoción?

¿Tiene forma, peso, temperatura?

Respira sin intentar cambiarla.

Solo observa.

Cierre

La tristeza no necesita ser eliminada.

Necesita ser comprendida.

Cuando dejas de luchar contra lo que sientes, comienza a aparecer una nueva forma de relacionarte contigo mismo.

Y en esa comprensión, algo empieza a transformarse.


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